Vidas esotéricas – el diario de cada uno de ustedes

Estimados lectores, hoy inauguro la columna Vidas esotéricas, ¿cuál será (puede que se esté preguntando)?

Vidas esotéricas es una especie de diario, que yo y cada uno de ustedes podemos escribir. Intentaré ser más claro: ¿Ha tenido alguna vez experiencias extrañas en su vida? ¿Has visto cosas antes de que sucedieran? ¿Alguna vez has tenido un deja Vu? ¿Crees en la magia y, si es así, la practicas? ¿Alguna vez has oído hablar de presencias a tu lado, tanto benignas como malignas?

Todo esto se contará en la columna. Como hoy es el primer día, Empezaré hablando de mi, quién soy, mis experiencias, mis miedos y cómo me acerqué a este fantástico estilo de vida.

Soy morgana Soy una mujer de 30 años, nacida en la hermosa y llena de tradiciones centenarias de Umbría a fines de noviembre de 1978.

Antes de hablar de mi infancia, debo hacer una premisa: todo lo que escribo es parte de mi, algunas cosas son personales (en mi vida dedicada a la magia), me desnudo, porque espero que ustedes también, mis queridos lectores, puedan hacer lo mismo, ayudando a algunas personas aún no muy experimentadas en el campo esotérico.

¿Por qué empecé a amar la magia? Es una cosa de familia, crecí con uno bisabuela que además de usar técnicas de hipnosis, vio si el peroné tenía mal de ojo, levantó el mal de ojo, así como a su hija, así como a la mía abuela, una mujer fuerte y decidida que me enseñó desde pequeño a rendir homenaje a la naturaleza.

¿Qué me enseñó? Cuando era niña, durante la noche del 20 de marzo, mi abuela solía poner hermosas anémonas y flores silvestres recogidas por la tarde en las colinas alrededor de la ciudad y dejarlas toda la noche sumergidas en agua de manantial bajo la luz de la luna. Qué significa eso? Era una forma de honrar a la madre naturaleza, la diosa flora, la que protege a los seres vivos dándoles gracias y dándoles regalos. Temprano en la mañana, poco después del amanecer, mi abuela me despertó llevándome al balcón y me hizo lavar la cara con agua de flores.

Quizás te parezca una estupidez, pero para mí esto fue importante, me hizo sentir una con la madre naturaleza, una comunión con los cuatro elementos que aún celebro y que voy a transmitir a mis hijos.

Por hoy, la primera parte de mi vida ha terminado, la semana que viene volveré con la secuela. Mientras tanto, espero que desee enviarme sus experiencias por correo a Contacto@amordeamarres.com

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