Las 3 oraciones más famosas al Espíritu Santo

Muchas oraciones dirigidas a los espíritu Santo: aquí están los 3 más famosos que se han ido transmitiendo a lo largo del tiempo y que aún hoy son tomados como punto de referencia por los creyentes.

Oración al Espíritu Santo (por Pablo VI)

Ven, oh Espíritu Santo
y dame un corazón puro,
dispuesto a amar a Cristo el Señor
con plenitud, profundidad y alegría
que solo tu sabes inculcar.
Dame un corazón puro
como la de un niño
quien no conoce el mal
si no para luchar contra él y escapar de él.
Ven, oh Espíritu Santo
y dame un gran corazón,
abierto a tu palabra inspiradora
y cerrado a todas las mezquinas ambiciones.
Dame un corazón grande y fuerte
capaz de amar a todos,
decidido a apoyarlos
cada prueba, aburrimiento y cansancio,
cada decepción y ofensa.
Dame un gran corazón
fuerte y firme hasta el sacrificio,
feliz solo de latir con el corazón de cristo
y cumplir con humildad, fidelidad
y valientemente la voluntad de Dios.
Amén.

ORACIÓN AL SANTO DE TU NOMBRE

Oración al Espíritu Santo (por Juan Pablo II)

Ven Espíritu Consolador,
ven y consuela el corazón de cada hombre
llorando lágrimas de desesperación.
Ven, espíritu santo,
ven Espíritu de luz,
ven y libera el corazón de cada hombre
de las tinieblas del pecado.
Ven, espíritu santo,
ven Espíritu de verdad y amor,
ven y llena el corazón de cada hombre
que sin amor y sin verdad
no puedo vivir.
Ven, espíritu santo,
ven, Espíritu de vida y de alegría,
ven y dale a cada hombre plena comunión contigo,
con el Padre y el Hijo,
en vida y gozo eterno,
para el que fue creado y para el que está destinado.
Amén.

Oración al Espíritu Santo (de San Agustín)

Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de sabiduría:
dame la mirada y el oído interior,
¿Por qué no me apegas a las cosas materiales?
pero busca siempre las realidades espirituales.
Ven a mí, Espíritu Santo,
Espiritu de amor:
vierte más y más caridad en mi corazón.
Ven a mí, Espíritu Santo,
Espíritu de verdad:
dejame llegar
al conocimiento de la verdad
en toda su plenitud.
Ven a mí, Espíritu Santo,
agua viva brotando
para la vida eterna:
concédeme la gracia de venir
contemplar el rostro del Padre
en la vida y en la alegría
interminable.

Foto | Thinkstock

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