Civilización azteca: criaturas mitológicas

Hoy volveremos a hablar del Civilización azteca, pero en esta ocasión hablaremos de las criaturas sobrenaturales que poblaron sus leyendas.

Primero que nada es Cipactli de donde se origina la Tierra, un monstruo de las aguas, en parte cocodrilo y pez, el glifo representa el primer signo del año astrológico. Del cuerpo de este monstruo los dioses hicieron la tierra. Según la tradición fue un asesino, y por eso fue castigado y convertido en tierra.

Ciuteoteo, según la mitología era un espíritu del inframundo y estaba relacionado con mujeres que murieron en el parto. Las criaturas fueron llevadas del sol a la tierra en forma de águilas y causaron enfermedades en los niños.

Civatateo según la mitología azteca, eran vampiros, mujeres de linaje noble que murieron durante el parto y que, tras volver a vivir, perseguían a los viajeros. Sus rostros estaban blancos y sus manos y brazos cubiertos con ticitl o tiza blanca. Sus túnicas estaban decoradas con huesos. Son sirvientes de los dioses lunares aztecas Tezcatlipoca y Tlazoltéotl.

Nagual un espíritu totémico, de hecho cada dios y cada ser humano tenía un nagual, como Huitzilopochtli-colibrí y serpiente emplumada de Quetzalcóatl. El Nagual es una guía para la libertad total.

Tecciztecatl dios de la luna vieja, según la mitología era una deidad lunar que representaba al viejo «hombre-en-la-luna». Podría haber sido el dios del sol, pero tenía miedo de su fuego. En muchas representaciones, lleva un caparazón en la espalda para representar la luna misma, mientras que en otras, tiene alas de mariposa.

Tlahuixcalpantecuhtli señor de la estrella aurora, era la personificación del planeta Venus tal como aparece por la mañana, mientras que su hermano Xolotl era el planeta Venus por la tarde.

Tlaltecuhtli era un monstruo marino que vivía en las profundidades del océano después del cuarto Gran Diluvio. Tlaltecuhtli fue partido en dos por Quetzalcoatl y Tezcatlipoca, quienes en forma de serpientes arrojaron una mitad hacia arriba, originando el cielo y las estrellas, mientras que la otra mitad lo soltó dando lugar a la tierra.

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