La leyenda de Narciso y Eco.

Hoy les hablaré de una leyenda griega que siempre me ha gustado mucho, seguro que todos sabrán que es la leyenda de narciso, el hermoso niño que se enamoró de su imagen reflejada en un cuerpo de agua, y por su inmensa vanidad se suicidó, y la historia de Eco ninfa joven y hermosa que, afligida por el castigo, amaba a Narciso en secreto.

Narciso nació de una hermosa ninfa llamada Liriope amada por el río Cefiso, por seguridad y curiosidad, un día la mujer fue a Teresia, una amiga visionaria, a preguntarle cómo sería la vida de su hijo y si viviría mucho tiempo, pero había sido algo desconcertante y poco claro, de hecho nadie entendió el significado de sus palabras, que fueron:

«Si nunca se apunta a sí mismo, tendrá una larga vida»

Narciso creció con uno extraordinaria belleza impresionante, de hecho ya a los quince años todas las ninfas del bosque lo cortejaban y le juraban amor, pero a Narciso no le importaba y cada vez desdeñaba su atención. Entre otros había una ninfa muy joven llamada Eco, quien tuvo que pagar uno castigo muy severo por haber enfurecido a Hera, esposa de Zeus. De hecho, para salvar a sus amigos, perseguidos por Zeus, de la cruel venganza de su esposa, se había encargado de distraer su atención con charlas alegres y risas ruidosas. Naturalmente, habiendo descubierto el engaño, fue la propia Echo quien pagó por todos, Hera le quitó la voz, y desde entonces la ninfa solo pudo repite el final de los discursos que escuchó.

Desafortunadamente, en consecuencia, Eco no pudo expresar su amor por Narciso, no pudo expresar mi sus sentimientos y tenía que buscar otra forma de comunicarse con Narciso, lo seguía día y noche, velando por su sueño, haciéndole compañía en secreto dondequiera que iba, buscando un momento y una forma de hablarle. Finalmente, un día se presentó la oportunidad adecuada, sentada en el Banco de un rio, Narciso, absorto en sus pensamientos y dando voz a su tristeza, consideró la inutilidad de la vida para sí mismo, Eco, no lejos pero no visto, logró, con las palabras de Narciso, construir una frase:

«Como el fuego consume mi vida por ti»

El joven sorprendido miró a su alrededor sin ver a nadie y preguntó:

“¿Quién eres tú que, repitiendo el final de mis frases, compones la tuya? ¿Te estás burlando de mí o estás diciendo la verdad?

«La verdad»

Dijo Echo suspirando, y con el rostro mojado por las lágrimas salió de su escondite, pero ni la piedad ni la admiración por su fresca belleza conmovió a Narciso que, molesto y aburrido, huyó sin decir palabra. Desde entonces Echo no comió ni durmió más, consumida por su dolor, rogándoles les pidió a los dioses que le hicieran justicia:

«¡Que ame así y nunca posea lo que anhela!»

Escondida entre las plantas y árboles del bosque, poco a poco se fue identificando con el bosque se convirtió en el espíritu y la voz, las estaciones pasaron, y el invierno congeló sus huesos en piedra, aprisionándote para siempre la voz, desde entonces los que pasaban cerca de rocas o montañas y hablaban o llamaban, escuchaban sus palabras repetidas una y otra vez.

Mientras tanto, Narciso, inconsciente de todo esto, continuó su vida, y un día pasó por una clara y pura llamada Rannusia le sobrevino una sed repentina, se inclinó sobre ella para beber, pero en lugar de encontrar alivio en esa agua, se quemó con una sed desconocida y ardiente. Reflejada en el agua del lago vio su propia imagen, pero no se reconoció y estúpido y cegado por tanta belleza contempló todos los detalles de ese rostro espléndido; la curva perfecta de las mejillas, los ojos profundos, el cabello castaño brillante anillado en el cuello delgado. En ese momento se preguntó quién podría ser la divinidad desconocida que respondía a sus gestos con los mismos gestos, que movía los labios como si hablara, mientras no escuchaba nada más que sus propias palabras. Convencido de estar separado de aquel cuyo reflejo solo vio por un hechizo misterioso, ne llamó a la liberación, extendió las manos para agarrar la imagen fugaz, las dibujó vacías, pero el agua extraída se volvió borrosa, la figura desapareció y sintió un dolor extraño, temiendo volverse loco Narciso huyó.

En los días siguientes fue obsesionado por el recuerdo, y regresó al lugar fatídico y volvió a sentir el mismo tormento, el velo impalpable de agua parecía tan profundo y el objeto de su repentino amor tan lejano. Pasaban los días y siempre que podía Narciso iba a ese cuerpo de agua a observar su amor secreto, hasta que poco a poco comprendió el duro y crudo verdad, Narciso se amaba a sí mismo con locura, y desde ese momento en que todo le quedó claro su dolor se volvió mortal, ella beso su reflejo, tratando tanto como sea posible de tocar esos labios e ahogue así en esas aguas cristalinas. La profecía de Tiresias y el voto de Eco se habían cumplido, pero en las orillas del límpido cuerpo de agua un pequeña flor que llevaba el nombre del que murió allí. Incluso la flor se reflejaba en la superficie clara que reproducía a la perfección su forma de cruz y pétalos blancos, pero a diferencia de la que llevaba el nombre, disfrutaba del agua donde estaba y vivía feliz con su destino.

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