Poesía a Afrodita


Para los devotos de la diosa del amor o para los que quieran acercarse y entrar en sus gracias, este hermoso poema a Afrodita es lo que están buscando.

Afrodita en la Mitología griega, Venus en la mitología romana necesita poca presentación, es la diosa por excelencia del amor y la belleza. . Si se evoca infunde gracia, encanto y don de amor al hacernos amarnos a nosotros mismos y posteriormente a los demás. Lo que veremos hoy es un poema muy hermoso a Afrodita, que elogia sus cualidades y su historia como diosa.

Poesía a Afrodita

Tú Dulce Señora, Tú que eres Perfecta, Tú, la Hermosa, la Alegre, el cisne blanco que con batir de alas se eleva del Agua Primordial, perla de marfil, regalo del Mar Blanco en Medio de las Tierras.
Al levantarte, ya solo, diste todo sentimiento amoroso, cruzando el plácido mar, llevando la Belleza y la Armonía a los mortales y donde descansa tu tobillo, la espuma de las olas se eleva sobre tus blancos miembros, columnas de alabastro adornadas con las más bellas joyas jamás creadas.

De ti ya se está muriendo Hefesto de dulce languidez y para ti el cinturón más hermoso que ha forjado, para adornar a las más Bellas entre las bellas. Y campanillas, y flores, y perlas blancas, y zafiros que cuelgan de las espirales del Cinturón Dorado, resuenan y tintinean en tu costado redondo, dulce deleite que perdura en lentos movimientos a cada paso, y todo lo que antes era anguloso y sin formas. , de tus Gracias toma una forma seductora.

Todos los azafranes y violetas se abren como en el paso de Thallus, y no hay hoja que no baile y se mueva ante el aliento del dulce niño Zeffiro. Y las granadas ya se abren, pulsantes y rojas como rubíes, para rivalizar con tus labios, jugosos y preñados de néctar, para recordar ya tus hermosos atributos femeninos y vivos.

Y no hay cosa amorosa y loca que no se enloquezca en el alma, en poner los ojos en tus hermosos pechos redondos, dos preciosas Manzanas que traen virtud y ardor.
Y las muchachas adornadas con él atormentan y danzan danzando en tus altares, y para ti se levantan columnas de incienso a cada hora del largo día.

Collares y colgantes, brazaletes y cinturones y tobilleras, y cada regalo precioso, y espejos de plata donde puedes admirar el Esplendor, los perfumes y aceites raros y preciosos para Ti, los más Bellos entre los bellos, derraman con adoración para Ti Gracia y Armonía sobre ellos y Belleza total.

Y todo florece y madura en tu Templo Oloroso y las dulces doncellas sonríen y corren entre las amplias columnas de tu hermoso Jardín. Rosas fragantes, granadas y limones amarillos calientes por el sol, arbustos sombríos de mirtos fragantes y manzanas enrojecen en las ramas altas, en el Peristilo del Amor, en Pafos, en los bosques sagrados donde los faunos salvajes corren detrás de las elegantes ninfas por amor bajo tu mirada encantada.

Tú, astuta Señora del Encantamiento Amoroso, envuelta en finas cortinas azules, bailas descalza por los senderos y sacudes las extremidades, y las caderas se mueven mostrando las suaves curvas, y los firmes pechos tiemblan y la barriga florida. Y sacudes tu cabeza y tu larga melena, tu cola, para desatar la trenza del amor y con deleite y gozo observas en tus pasos a los salvajes, ávidos leones con ojos de fuego, lobos y panteras y en ellos les infundes el amor, el deseo. , la más bella entre las bellas y dulces Afrodita Pandemos.

Y mientras el mundo se derrite contigo, la sinuosa serpiente del amor carnal se mueve también en Ares, y el escudo y la espada abandona y las artes de la guerra y corre hacia Ti, Afrodita Calipigia, Señora que emerge del Mar.
Y cuando bailas, el sonido de tu cinturón dorado encanta al mundo y la pasión lujuriosa lo impregna todo.

Pero el amor también lleva a la que lo genera desde el vientre fértil, y por Anquises joven y bella te arruinas a ti mismo y por el disputado Adonis, y más alto, hacia el Olimpo, por Dioniso y el esquivo Hermes que lo confunde todo.

Y sacude tu peplum brillante, más amarillo y dorado que un rayo de sol y de debajo de tu ropa se abren las rosas más dulces y la rosa entre las rosas del mundo infunde codicia.
Bendita, Hechicera, Señora del Éxtasis Amoroso, del sueño evanescente y etéreo que al amanecer huye de las Luces, escondiéndose en la arboleda sombría y salvaje, donde la primavera se refugia en el cuerpo cálido de las bestias y los hombres, de las ninfas y las deidades, donde la s fluyen más frescas y cantantes y donde cada estanque es un espejo de tu espléndido cuerpo de Mujer Divina.

Tú solo, Ardiendo como la flecha de Artemisa, cruzas los ojos de los Dioses con tu belleza, despertando en ellos deseos incontenibles, febriles y delirantes.
No temas a la Vejez y descansando en ti siempre te devuelve la esencia errante de las Criaturas que han perdido el propósito amoroso, la plenitud que sólo en uno mismo encuentra la locura indomable del deseo apasionado.

Fuente: Di Rebecka del sitio sentieridellaconteaincantata.net

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